DIFERENTES VISIONES ACERCA DEL ASCENSO CHINO EN EL SISTEMA INTERNACIONAL


     El ascenso de China en el escenario internacional es un hecho evidente. Su crecimiento económico único de las últimas décadas, al lado de su fuerza poblacional, le han convertido en un actor cada vez más influyente e impactante de las relaciones internacionales. Los textos de Richard Bernstein y Ross Munro (“The Coming Conflcit with America”), Jisi Wang (“China's Search for Stability with America”) y de Bijian Zheng (“China's Peaceful Rise to Great Power Status”), en este sentido, nada más hacen que comprobar el consenso que existe acerca de la emergencia de China. Todos ellos destacan, cada uno a su manera, el ascenso del país asiático en el sistema internacional y los diversos impactos que ello provoca.

     En relación a los efectos que este fenómeno desencadena, los tres textos tienen su propio punto de vista, lo que lleva a visiones bastante divergentes sobre el mismo fenómeno, visiones estas que, en algunos aspectos, son incompatibles entre sí.

     El texto de  Richard Bernstein parte del presupuesto de que la arena internacional es movida por la competición por el poder geopolítico. A partir de ello, él identifica claramente el ascenso de China con un cambio en las relaciones geopolíticas internacionales, según el cual el equilibrio internacional de poder se ve afectado por una nueva fuerza emergente. De este modo, China se ve fortalecida políticamente por su crecimiento grandioso y amenaza, con eso, el poder de otros Estados, sobre todo del Estado que actualmente más poder acumula en el sistema, que es Estados Unidos. China y Estados Unidos pasan a competir, de esta forma, por el mismo espacio. Esta visión de la política como una competición pura por el poder es fuertemente contrastada en el segundo texto, el de Jisi Wang. Este autor no ve el sistema internacional como un juego de suma zero, si no como un complejo de interacciones en las cuales los actores dependen unos de los otros. De este modo, la ayuda mutua permite que se mejore la situación de dos actores a la vez, como son, por ejemplo, Estados Unidos y China. Esta perspectiva tiene, sobre todo, razones económicas, como son las oportunidades de negocio de empresarios norteamericanos en China o el crecimiento económico chino derivado de las inversiones norteamericanas en ese país. La competición por el poder, aquí, continúa siendo el motor de los procesos y relaciones, pero ahora incluye otras esferas temáticas más allá de la político-militar. El tercer texto, en cambio, no hace una distinción del análisis político del análisis económico; tiene como concepto-clave la idea de desarrollo nacional, entendido como la expansión de las actividades de la población de un país y traducido en mejores condiciones socio-económicas y de la distribución de riqueza del país. En este sentido, el crecimiento económico es un instrumento para que se alcance el desarrollo. China es vista, entonces, como un país con un potencial de desarrollo elevado, pudiendo llegar a ser llamada de país desarrollado en 2050. El texto trabaja, a partir de esta hipótesis, las condiciones bajo las cuales China va a enfrentar este desafío particular de convertirse en un país desarrollado.

     En cada una de las tres aproximaciones es posible identificar elementos característicos de un paradigma de estudio de las relaciones internacionales. El primer texto, por ejemplo, se identifica claramente con el paradigma realista. Expresiones como “international competition”, “balance of power” y “realpolitik” dejan clara la visión estatocéntrica de las relaciones internacionales y la idea de que la busca por la acumulación de poder es lo que mueve la conducta estatal; se puede hablar, aquí, de un interés nacional definido en términos de poder (como explica el autor Hans Morgenthau en su libro “La Lucha por el Poder”). Según este razonamiento, las alianzas entre Estados son puramente coyunturales y ocurren sólo cuando y mientras les conviene. Es el caso, según el autor, de la alianza entre Estados Unidos y Japón, que resulta interesante para ambos porque contiene el avanzo chino hacia la hegemonía en Asia. Además de eso, la importancia que dá el autor al aumento del poderío militar chino es una clara señal de su razonamiento realista.     

     La segunda aproximación se identifica más con el paradigma de la interdependencia , que supone una situación de dependencia mutua entre Estados y entre Estados y otros actores que vá más allá de una simples aliança coyuntural. Ilustra esta idea el hecho de que una eventual pérdida de dinamismo económico en China generaría un impacto negativo en tanto para los empresarios como para los consumidores americanos (hoy los primeros se aprovechan de las condiciones favorables para sus inversiones y los últimos gozan de productos importados de China a precios bajos), como explica el autor Wang Jisi. Esta es, precisamente, la idea de la interdependencia. La competición por el poder en términos realistas no cesa, pero está acompañada ahora de unas dinámicas más complejas.

     Por fin, la tercera aproximación contiene rasgos del paradigma estructuralista, según el cual el sistema mundial es compartido entre países desarrollados y países subdesarrollados, bajo una visión que entiende el mundo a partir de la división internacional del trabajo. Los países periféricos, a la vez, son más vulnerables a las tensiones internacionales y dependen más de la ayuda externa que los países del centro. Según Bijian Zheng, China es un país que está caminando hacia el mundo desarrollado. Él explica los desafíos que le quedan para lograr tal objetivo.

     Para comprender el impacto de China en el escenario internacional, parece más adecuada la visión de Jisi Wang, porque logra ser más completa, apuntando al mismo tiempo para las relaciones de cooperación y de conflicto que pueden surgir del ascenso chino en el sistema internacional.

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